Esto va de sillas apiladas. Ha sido un fin de semana distinto, de esos que te recuerdan que en la sencillez está el verdadero saber vivir. J y sus amigos (ver última foto) llevan más de cuarenta años repitiendo un ritual simple y eterno. Cada dos viernes se encuentran en la cueva, esa que huele a arroces, navajas y roles d’endivia recién hechos. Hubo un tiempo en que salían a pescar, cuando uno de ellos aún era patrón. Ahora ya no hay pesca, pero el ritual sigue: cogen las sillas apiladas...